Erica Check Hayden ha escrito un articulo en Nature que es bastante interesante, pasa revista a
cuatro grandes temas en los que suelen temerse las explicaciones que puedan darse desde el punto de vista
genético: inteligencia, raza, sexualidad y violencia. Un miedo al
fatalismo que arrastramos desde hace siglos y que hoy suele ocultar una
deficiente compresión de las explicaciones genéticas y evolutivas. Al
fin y al cabo las explicaciones "genéticas" y "ambientales" casi nunca
se pueden aislar completamente: el ambiente influye en los genes y los
genes lo hacen en el ambiente, como fenotipo extendido segun Dawkins. La autora recuerda las declaraciones de Bruce Lahn, un genetista de la
universidad de Chicago que publicó distintos estudios sugiriendo que
disintas variedades genéticas relacionadas con la inteligencia habrían
evolucionado de forma divergente en África y Europa. Aunque estos
resultados no se confirmaron, Lahn experimentó tiempos difíciles y ya no
trabaja en la genética de la raza: "Dada la historia sobre la manera en
que se ha empleado la raza en este país, tal vez no debería estimularse
la investigación porque toca demasiadas fibras sensibles".Si se analiza friamente el argumento no deja de ser asombroso para una sociedad abierta en la que discutir sobre la naturaleza de las personas, nos podia llevar a tiempos pasados donde dudar de la santísima trinidad podía llevar a tumultos, discrepar sobre la posición de la tierra y sol en el universo podía acarrear un arresto y los temas teologicos en general, tocaban "fibras sensibles" por lo que no se animaba su investigación, o bien intentaba suprimirse si tenía lugar. Pero el resultado de suprimir las discusiones científicas siempre es el mismo: ignorancia, información deficiente, dogmatismo e incapacidad final para entender la realidad y afrontar adecuadamente los problemas, cualesquiera que sean. Por fortuna una mayoría aún pide libertad de investigación.
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