viernes, 8 de diciembre de 2017

La ciencia busca sitio a los insectos en la dieta humana

         Unas pocas especies animales y vegetales predominan en la producción mundial de alimentos. Reses, ovejas, cerdos y aves copan el sector de la ganadería, mientras que el trigo, el maíz, el arroz y la soja suman el 60% del total de la producción global de cultivos. Menos del 30% de las especies cubren más del 95% de las necesidades alimentarias humanas. Los expertos en seguridad alimentaria están presionando para que haya más diversidad.

Sayed Azam-Ali, profesor de seguridad alimentaria de la Universidad de Nottingham, dirige el centro de investigación Cultivos para el Futuro, cerca de Kuala Lumpur, en Malasia. Aquí, tratan de identificar recursos alimenticios poco explotados -también conocidos como cultivos huérfanos, abandonados o poco utilizados- que podrían tener una mayor difusión, especialmente en los países en desarrollo.

Uno de los ejemplos favoritos de Azam-Ali es el cacahuete bambara, cultivado tradicionalmente por agricultoras al oeste de África. Es uno de los llamados alimentos completos, porque contiene una combinación ideal de carbohidratos, proteínas y grasas. Estos cacahuetes pueden cultivarse fácilmente en terrenos áridos y pobres, pero sólo crecen de forma adecuada en los trópicos.

Sin embargo, el cruce de cultivos está produciendo diversas variedades de cacahuetes bambara que pueden cultivarse en lugares más alejados del ecuador, en los que se producen grandes cambios estacionales, como el Mediterráneo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con el Consorcio de Cultivos Huérfanos Africanos, está promoviendo el uso de estos cultivos que habían sido olvidados durante el último siglo. Algunos ejemplos serían el nabo africano, el datilero del desierto, el higo chumbo o el baobab.

Esta colaboración tiene como objetivo mejorar la seguridad alimentaria en África a través del "uso por parte de científicos africanos de las mejores herramientas y equipos disponibles en cualquier parte del mundo para conseguir productos alimenticios seguros, nutritivos y asequibles de forma sostenible", explica Tony Simons, director general del Centro Mundial Agroforestal, en Nairobi.

"En cuanto a la diversificación del sector ganadero, los insectos suelen estar a la cabeza en la lista de alternativas, seguidos de la carne procesada en laboratorios. En los últimos seis meses, dos equipos de investigadores de Reino Unido han publicado estudios sobre el potencial de la entomofagia, o consumo de insectos, que reemplazaría la producción tradicional de ganado. El primer estudio fue llevado a cabo por la Universidad de Edimburgo en colaboración con el Colegio Rural de Escocia. Los investigadores averiguaron que reemplazando la mitad del consumo mundial de carne por grillos y gusanos de la harina se podría reducir en una tercera parte el uso de tierras de cultivo, lo que conllevaría una disminución de los gases de efecto invernadero.

Sin embargo, en la práctica, la aversión de muchos occidentales al consumo de insectos, y la inversión en infraestructuras que ello requeriría, implican que esta idea no se implantará a gran escala. Los investigadores creen que incluso un aumento relativo de la entomofagia podría tener beneficios medioambientales.

El segundo estudio fue realizado por la Universidad de Nottingham en colaboración con el centro Rothamsted Research en Hertfordshire. Los investigadores descubrieron que la carne procesada en laboratorios no es más sostenible que la producción de carne de aves. Este estudio también ha desvelado que "los insectos representan una gran oportunidad nutricional, ya que la creciente población mundial necesita fuentes de alimento sostenibles".

Pero los investigadores reconocen que la entomofagia a gran escala se enfrenta a obstáculos culturales, sociales y económicos. "En condiciones ideales, los insectos tienen un menor impacto ambiental. Aunque se sabe menos sobre cómo aumentar su producción y mantener al mismo tiempo los beneficios medioambientales", explica el investigador Darja Dobermann. En el informe se detallan más de 2.000 especies de insectos que podrían ser utilizados como alimento, especialmente en Asia y África.

En partes de África Central, más de la mitad de la ingesta de proteínas ha procedido, históricamente, de los insectos. Su valor de mercado a veces es mayor que el de otras fuentes de proteínas animales. En orden de popularidad, algunas de las especies que se consumen serían: escarabajos, gusanos, abejas, hormigas, saltamontes, grillos, cochinillas, termitas y moscas.

Estos insectos se comen crudos, fritos, cocidos, asados o desecados y convertidos en harina. Es posible que haya mayor margen para la cría de insectos de cara a la alimentación animal, como la acuicultura, que para el consumo humano. Por ejemplo, nextProtein, una start up de tecnología agraria, cría larvas de moscas soldado negras en desechos vegetales procedentes de la industria alimentaria. Estas larvas están presentes en alimento destinado a la acuicultura, en la comida para mascotas y el ganado o en fertilizantes agrícolas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Rusia y España colaboran en un telescopio espacial para investigar el origen de la vida en el universo

España colabora con Rusia en un nuevo telescopio espacial que estudiará el universo en el rango de luz ultravioleta y que pretende ser el sucesor del Hubblede la NASA en este espectro. El World Space Observatory WSO-UV es el mayor proyecto de colaboración bilateral Hubble y sus impulsores esperan que sea el único observatorio de su clase que estará disponible hasta 2030 entre Rusia y España en el espacio y lleva en marcha desde 2007.

El plan es lanzarlo en 2023. El WSO-UV pretende aportar observaciones complementarias e investigar varias cuestiones fundamentales. Entre ellas está “el origen de los compuestos orgánicos precursores de la vida”, explica Ana Inés Gómez de Castro, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid y jefa de la colaboración española en el proyecto. “El nuevo observatorio también permitirá analizar la composición de las atmósferas de planetas extrasolares, la formación de nuevos sistemas solares y el origen de ciertos elementos químicos”. Los líderes del proyecto acaban de inaugurar en el campus de la Complutense el Centro Ruso-Español de Astronomía Ultravioleta, que aglutinará el trabajo de los ocho participantes españoles que actualmente participan en el proyecto y desde donde se analizarán los datos recogidos por el telescopio. El centro de control de operaciones estará situado en Rusia.

Este proyecto de colaboración entre ambos países ha superado varios reveses. El coste total del proyecto es de unos 300 millones de euros e inicialmente la participación española iba a ser del 15%. Esto permitía que España tuviese reservado un tiempo de observación propio, además del que podría conseguir presentando proyectos competitivos abiertos al resto de la comunidad científica internacional.

Finalmente la participación española, financiada inicialmente desde el Ministerio de Industria y después el actual Ministerio de Economía, se ha recortado a la mitad, con lo que el país pierde tiempo de observación. Otro de los escollos fueron las sanciones impuestas por EE UU a Rusia por la guerra en Ucrania, que obligó a cambiar uno de los componentes tecnológicos del telescopio, lo que retrasó el proyecto.